24.2.08

Camila Uriona en el Etno

Mañana Camila Uriona le dará vida a un cuento suyo nacido en la más calculada de las fogocidades. Ayer, reviviendo calores improbales a través del ron, preparamos la lectura. Diego Aramburo, el Perro Rabioso y la Vero Vero, bajo la batuta de Pedro Grossman, nos mantendarán en vilo con este relato. Luego Cami también compartirá algunos poemas cortos y filosos como navajas, por tal motivo, en caso de que los parroquianos pidan algo de comer, tendrán que prescindir de cuchillos.
Para ponerle acordes al padecimiento, Vadik Barrón llevará su guitarra en mano.

El docente

Es el primer día que doy clases en una universidad. Anoche me costó conciliar el sueño, hoy me desperté temprano automáticamente. En esta aula hay como treinta alumnos siguiéndome con la mirada, tomándome la palabra con tal atención que por un momento creo que estoy hablando “la verdad”. Nadie sabe quien soy, ignoran el agujero en mi calcetín y la mierda que piso en la calle por lo menos una vez a la semana. ¿Me atribuyen un saber o sólo me lo estoy creyendo? En todo caso esperan algo de mí, al menos más de lo que yo creía que pudiesen esperar. Nadie sabe que, cuando era alumno en esta misma materia que estoy dictando, les enseñé a mis compañeras a encender sus pedos; aquí, sentado en un banco como el que ocupa esa chica callada. Y ahora, por un instante, nunca he perdido un juego de mesa y hasta soy bueno para el fútbol. ¿Qué dirían mis viejos docentes si me vieran en estos trances? He estado frente a un curso, pero nunca de esta manera, nunca viendo mi pasado desde el otro lado de la medalla. ¡Ja!, ¡es tan divertido! Ese respeto con que se dirigen a mí… yo era jodido, pero respetuoso, me importaba mucho la opinión del cate, me ponía contento cuando mi participación lo complacía, igual que este chango que infla el pecho ante mi aprobación. ¡Ja! Es divertido jugar al profesor, ahora entiendo esa ternura en los ojos de la mujer de mi maestro cuando me despedía diciendo: hasta la próxima, Maestro. “Disculpe licenciado, puedo pasar”, una muchacha abre tímidamente la puerta. La dejo pasar y eso que comencé diez minutos tarde… qué voy a hacer, yo también soy un atrasón. Pensé que para un momento como éste iba a ser otro tipo, que iba a ser puntual como un reloj inglés y que iba a saber mucho; solamente ha aumentado mi grado de miopía y el número de canas en mi cabeza, he leído algunos libros y rumiado ciertas ideas que ni de remate pensaba plantear ante un grupo de estudiantes. Hasta pareciera que, como dijo Guichi, el amigo al que reemplazo, soy un profesional muy preparado. Es gracioso, ahora lo comprendo: la energía de un docente se sostiene en la mirada de los estudiantes que le permiten dar la clase.

15.2.08

Gabriel Pantoja

Amigos blogueros, el anterior lunes la lectura del buen Perro Rabioso estuvo genial, para seguir nutriendo la movida del Etno les pido que posteen estos poemas anunciando la siguiente lectura.

Unos poemas de Gabriel Pantoja, que el lunes 18 estará compartiendo su trabajo en el Etno café.

Ciudad

Desde aquí lejano
escribo,
por donde tú
no te asomas
ni ves de lejos
si vengo,

por donde tú
y mi delirio
navegan
juntos,

por donde
no sabemos
si alcanza
a otros.

ALGUIEN LLORA

Alguien llora.

-No es más que el viento.

Alguien llora.
Escucho caer la lluvia.

-No es más que un sueño.

Alguien llora.
¡Que noche más fría!


V / CANDIL

Noche-una densa noche.
Te participo este poema.

Llueve-una densa lluvia.
Mira para afuera.

El mundo es inmenso.
Hay mucho que caminar.

Entonces las hojas se pintan
de azul, la ciudad se moja;
no puede respirar y agoniza.

Entonces siempre pienso en ti
en esta hora, y es
algún mal, una manía.

27.1.08

Pablo Osorio en el Etno

Este lunes nuestro compañero pasposo llega directamente desde Oruro a darle vida a sus poéticos escritos en el Etno café. Aquí les dejo con alguito de su trabajo.

Puedo oírla.
Contra mi ventana, el color grisáceo se ha rendido por esta noche. El cielo, en son de tregua, llora. No sé si lo que cae es agua. No sabemos, ni yo ni mi ventana. Algo cae, eso es seguro. Mezcla de memoria del fuego, mezcla de jirones de agua. ¿Es bueno este augurio? ¿Para quien es esta pausa? ¿Cuál es el mensaje que traen los rayos?
La lluvia se estrella contra el vidrio.
Pero ya no entiendo lo que dice, hace tanto que mi pueblo ha olvidado la lengua de la selva.

21.1.08

DolKa en el Etno café



Esta noche Carlos Martinez, conocido en la blogósfera como Dolka, estará compartiendo su trabajo literario en el Etnocafé, además Aldo Mercado le pondrá música a la velada.

11.12.07

De la Ausencia

Voy adecuándome a su ausencia, aunque a veces esa ausencia me trata mal y retuerce mi barriga y dobla la esquina a la que estoy a punto de llegar; como ayer, cuando estaba en el hospital, cerca de sus dominios, donde el desamparo se parece a la muerte.
Luego pienso que su ausencia sólo es un reflejo de La Ausencia, sometiendo cada cuerpo a través del tiempo y el espacio. ¿Será el desamparo una llana idea y la muerte el paso a la verdadera vida? Anoche soñé, como tantas otras veces, que escribía en esta máquina sobre un ser que en otros sueños me transportaría por encima de las nubes, más allá de la pena del desamparo. Me rio, y sin embargo me asusta hallar la recurrencia del asunto en mi diario escribir, porque escribo sobre la vida y sus sensaciones que intuyo de muerte, pero a veces me sueño con algo que no se puede escribir.

4.12.07

Un trastorno, ¿y qué?

La anterior semana tomé unas cuantas pruebas de personalidad, entre ellas estaba el Inventario de Trastornos de Personalidad del DSM IV. Despaché al último de los evaluados y un amigo de siempre, al que llamaré Andreas, me estaba esperando en la antesala del consultorio, como habíamos quedado. Cuando vio que ordenaba unos cuestionarios preguntó: ¿qué es eso? Un test de personalidad que le apliqué al cuate que acaba de salir, le dije. ¿Puedo hacerlo?, se entusiasmó. Claro. Pero después me das los resultados. Seguro.
Los resultados en la prueba de mi amigo son contundentes, efectivamente dan un trastorno de personalidad, pero además, y por sobre todo, están las particularidades que la psicología tradicional es incapaz de enmarcar. Con razón dijo alguna vez una profesora mía que la vida va más allá de la psicología. Si nos basamos en los resultados del test mi amigo debería andar por el mundo con un cartel que le cuelgue del cuello con la palabra: esquizotípico. ¿Cómo debería redactar un informe psicológico de Andreas, que vaya más allá de los libros sobre trastornos? A continuación un ensayo.
Andreas solicitó expresamente que se le aplicara la prueba, mostró entusiasmo y afán a la hora de resolverla, antes de empezar con ella advirtió: “me gustaría tener los resultados mañana mismo, me molesta mucho esperar fallos de concursos y pruebas”. Con esto damos cuenta de la ansiedad, acaso crónica, característica de su tipo de personalidad. Andreas, arquitecto de profesión y ejercicio, radica en La Paz, vive con sus padres, una hermana de veinte y un hermano de veintitantos, él está cerca a los treinta. ´
La convivencia le cuesta. Una vez, urgido por las circunstancias, su hermano tomó prestados unos calzoncillos suyos; al enterarse Andreas se negó a utilizar otra vez la prenda. Desde entonces su hermano optó por no avisarle cuando toma prestada su ropo interior. Difícilmente compartirían otra prenda, pues Andreas viste casi siempre de negro, con poleras de bandas de rock y metal que poca gente más usa. A veces se cubre con un gabán de cuero, el cabello le cae más abajo de los hombros cuando no se hace una cola, estos vienen a ser indicios de lo que el manual llama comportamiento o apariencia rara, excéntrica o peculiar, y además engranan con otro criterio fundamental de su trastorno (trastorno, ¡qué palabra para fea!): un patrón general de déficit sociales e interpersonales asociados a malestar agudo y una capacidad reducida para las relaciones personales, así dice el libro. En realidad Andreas tiene una manera muy peculiar de socializar.
Me pregunto qué harían los esquizotípicos para conocer gente antes de que haya internet, pues Andreas conoce un montón de mujeres por medio del chat. Claro que a la hora de encontrarse cara a cara se ha llevado más de un fiasco, amén de ciertas gratas sorpresas. Con el tiempo ha desarrollado todo un modus operandi: las conoce en una sala común de chat, se las lleva al messenger, termina saliendo a flote el tema sexual, puede que tenga un encuentro virtual como que no, de todas maneras pide teléfono y hace una cita. Una vez en el mundo tangible el asunto toma rumbo.
El manual de trastornos también puntualiza como rasgo suyo: creencias raras o pensamiento mágico que influye en el comportamiento y no es consistente con las normas subculturales. Sí, Andreas tiene ideas raras que le dan vueltas en la cabeza, ahora está obsesionado (los libros también señalan rumiaciones obsesivas) con las rubias. Hace bastante tiempo ha dejado de hablar de su supuesta inmortalidad, creo que en algún momento de verdad se creyó inmortal, ahora es una más de sus estrategias de conquista, hay mujeres a las que les encanta la idea de salir con un inmortal siempre y cuando no sea cangrejo, y Andreas no es ningún cangrejo. La afectividad fría y vacía de contenido, que a menudo se acompaña de anhedonia también se convierte, de acuerdo a las circunstancias, en parte de la estrategia. Recuerdo cierto viaje a los Yungas en que su displicencia vestida de negro despertó la atracción de una chica bien linda: “no, este tipo de música no lo bailo” desdeñó, y despertó aún más atracción. Obviamente no la dejó ir, conversaron mucho, se besaron, y el caballero de la oscuridad terminó bailando de todo, incluso cumbia. Esa fue una de las veces que le llegó el amor, a pesar de que la situación estaba muy lejos de lo que más lo excita: la fantasía. Al descontrol del romance se había entregado ya un par de veces, con y sin fantasías rotas. Cierta época en que se le dio por las vampiresas salió con un chica que se cortó el dedo para que Andreas bebiera su sangre, supongo que tuvo asco y por eso se negó a beber, la historia con vampiresas no fue mucho más lejos.
Suspicacia e ideación paranoide. Es nomás desconfiado, pero hay personas en quienes confía y cree. Falta de amigos íntimos o desconfianza fuero de los familiares de primer grado. Supongo que he llegado a ser un “amigo en primer grado”, Andreas me ha regalado más de un buen libro, un gesto entrañable, un montón de buenos chistes, alguna que otra rabieta, hasta un día me dijo te quiero el muy cursi.
Se ha comprobado que para hablar de una persona los marcos de un trastorno quedan chicos, el paradigma reduccionista de la ciencia (causa efecto) queda obsoleto, un gran avance en cualquier disciplina es aceptar el descontrol, la imposibilidad de lo objetivo, la influencia del observador sobre lo observado. La psicología sistémica toma el paradigma de la complejidad donde cada elemento es causa y a la vez efecto de los otros, en la teoría del caos se busca orden y pauta donde sólo había azar e incertidumbre. Ahí está el afán científico, donde las posibilidades de interacción desafían nuestras posibilidades de cálculo y donde principalmente aceptamos la incertidumbre. Una mirada infantil nos permitirá encontrar algo.

9.11.07

Taller de expresión y creatividad y Un viaje al espacio

Hace algún tiempo comencé a dar apoyo psicopedagógico a Ernesto, quien resultó ser un amigo íntimo de la escritura creativa, ¡tiene unos cuentos fabulosos! Se entusiasmó con la idea del blog y de paso acrecentó mis ganas de realizar un taller de escritura creativa para niños, un taller como el que me hubiese gustado recibir de chango; al buen Pedro Grosmman le hubiese gustado recibir uno de teatro, como los muchos que ya dio, así dijo cuando le comenté mi inquietud, de modo que juntamos las ideas, las condimentamos con otras artes, y una vez sustentadas con herrameintas de la psicología, tenemos listo el taller. Va a empezar el 19 de noviembre, es para niños de 9 a 12, si quieren información, programa, costos y demás, escríbanme. Ahora les dejo el cuento que más me gusta de Ernesto, está también en su blog.

Un Viaje Al Espacio



En California (EEUU) había una vez un niño llamado Corbyn,
cuyos sueños eran viajar al espacio. Su casa era pequeña, pero con jardín muy amplio. El niño tenia 5 años, todas las tardes luego de volver del colegio trataba de inventar alguna maquina que lo llevase al espacio, pero siempre fallaba. Una vez cuando tenia 7 años se junto con los compañeros de universidad de su padre, eran 6: Willi, Raúl, Jackson, Matt, John y Andrés. Eran mecánicos y trataron de inventar varias maquinas en el jardín, pero ninguna les salió bien. Bueno, pero Corbyn no se rindió, siguió intentándolo. A sus 16 años inventó la radio pensando que eso lo tele-trasportaría al espacio, pero no, volvió a fallar. Cuando tuvo 19 años invento el avión pero no podría ir al espacio. Cuando tuvo 25 años tuvo dos hijos, y cuando uno de ellos tuvo 10 años y el otro tenia 5 años el ya tenia 35. No sé qué problemas tuvo con su esposa, pero el tema es que se separaron. Él había escrito cuántas veces lo había intentado: “he intentado 15756 veces” dijo Corbyn, “pero no lo he logrado nunca”, en ese momento entro su hijo y le dijo: “no te rindas papá, yo quise inventar el teléfono, lo intente varias veces y lo logré, nunca te rindas”. Entonces el hombre llamo a sus amigos: Pedro, Andrés, Tom, Mateo y Marcelo, y comenzaron a armar su maquina. Luego de intentar como 20 veces lo lograron. El hombre viajó durante 15 días, muy feliz por su logro. Al volver le dio cáncer a la sangre, pero por suerte tomando remedios y por curaciones se salvo. Muchos años después murió de vejez pero muy feliz y orgulloso de sí mismo

6.11.07

El amor perjudica

“El amor perjudica, cuando uno se quiere tirar a una mujer puede hacer mil cosas con un objetivo claro, en cambio, cuando se enamora, hace diez mil sin saber por qué o para qué”, los parroquianos ovacionamos el aforismo y secamos nuestros vasos, listos para servir más cerveza. Por su puesto, coincidimos en que el amor es una borrachera como cualquier otra, así que lo fundamental radica en seguir borracho. Cuando uno está ebrio, no pretende un profundo cariño por el primer desconocido que se le aparece en frente, ¡en verdad lo siente!, aunque sea por ese instante. Lo malo, o quizá lo bueno, es la inevitable resaca. Así como el tiempo pasa, la resaca llega.
El amor es como la mítica escena de King Kong de 1933, que se supone sólo los espectadores de la premier lograron ver y que después se decidió omitir por su extrema violencia. Son los avances de esa comedia que todavía no nos ha decepcionado. Es como el sexo antes de experimentarlo, y podría quedarse en la memoria como la híbrida sensación y el dejo de dolor de la primera vez. El amor es el más bajo recurso del demonio, que a nombre de Dios se hace millonario vendiendo ilusiones. Y vende como quiere repitiendo la melosa receta de telenovela: intrigas a lo largo de quinientos capítulos comandados por el desencuentro, donde fugaces ritos de apareamiento sostienen el amor, ¿cómo logran sostener la ilusión? Gracias a que el amor es la borrachera que más tiempo se puede sostener en la cuerda floja, pero mientras más tarde en llegar el chaqui es peor. Ha pasado un minuto de la media noche y cenicienta sigue con el traje de luces, pasan dos semanas, un mes, tres, y todavía despierta en la mañana peinada y radiante, puede pasar mucha agua por el río antes de que te atrevas a ver la realidad: con es culito hermoso no caga bombones y el olor que le baja cada veintiocho días es de los peores que hay. Ese imbécil te dijo lo que querías escuchar, el viejo truco de bajar el cielo y las estrellas está en todos los manuales, lo peor es que probablemente él también se lo haya creído.
Puedes tener construido una relación realmente linda, y el amor llega a través de los ojos de esa rubia que te mira en el café y te recuerda el primer amor nunca concretado en el colegio. ¿Cómo habría sido si pasaba algo con ella? Te preguntas una y otra vez, y en el fondo entiendes que era una lotería, nunca sabrás quién era la persona detrás de la sonrisa seductora, ¿cómo vas a saberlo? Estabas enamorado, casi ciego, cojo después de tropezarte con ese bache por estar viéndola en la tele, deshojando margaritas en una propaganda, o del otro lado de la vitrina de esa discoteca a la que no te dejaron entrar. Llamamos amor a la urgencia de nuestro sexo, a las pajas que obstruyen el discurrir de ideas en nuestra cabeza.
¿Sirve para algo el amor? Supongo que su función acaba cuando te acercas a la presa, pero empieza a podrirse en el mismo instante en que dilatas el encuentro con la persona. Ahí está el negocio de las transnacionales. Enamorarse podría ser divino, pero desenamorarse es aprender a ser humano. Al final de cuentas la trampa del amor va a estar ahí siempre, el asunto es dominarlo, dejar de utilizarlo como excusa para evitar vivir. ¡Salud! Por la extinción del amor.

25.10.07

Volteando la tortilla (con el chef Pedro Grossman)


Hace cas dos meses Willy Camacho me invitó a participar de los Lunes de Literatura en el Etno. La invitación había sido hecha con la antelación correspondiente, pero sólo la misma mañana de ese lunes me puse a elegir y ordenar lo que iría a leer. Revisando el archivo de cuentos, me encontré con Platanitos Rancios, uno de esos relatos que escribo cuando una imagen de allá y una idea de aquí se unen y encajan en mi cabeza con hermosa y arbitraria armonía. En casos como este me pongo a escribir sin tregua, aprovechando el frenético impulso de la emoción. Tengo la rara creencia de que, dejando suelto el hilo del relato, la idea se me va a ir de la cabeza en seguida.
Entonces surge una frase que iría bien con el personaje, un movimiento que me lleva a un buen giro… estoy escribiendo algo maravilloso, no caben dudas. Me sobrecoge la emoción de abrir brecha en un relato. Creo que parte del placer es ignorar el punto de llegada, llevar el coche sin saber por dónde me voy a meter en la siguiente bocacalle. Y logro cierta armonía bajo el riesgo del desorden o de un final que no llegue a concretarse. Por eso, una vez terminado el texto base, le doy varias vueltas y, finalmente, lo dejo reposar un par de meses antes de volverlo a revisar y darlo por terminado.
La lectura en el Etno fue un gran pretexto para retomar los platanitos. Me entretuve quitando alguna cosa y aumentando otra, cambiando el tono a ciertas partes, intentando dar humor a otras, pasé casi todo el día en ello. Para la hora de ir a leer rondaba los límites de la satisfacción, aunque me perecía que quedaban algunas hilachas sueltas… de todas formas me estaba doliendo la cabeza y no iba a dejar de leer por corregir, así que imprimí y tomé un trufi que me dejara cerca a la Jaén.
Bebiendo una cerveza con el Estido y el buen Perro Rabioso mi cabeza empezó a funcionar a velocidad normal. Estábamos planeando el modus operandi de la lectura y dije, “qué mierda, mientras lea voy a comer compulsivamente platanitos fritos, igual que mi personaje”. Así que fui a la esquina por unos platanitos de a luca.
El boliche se llenó justo antes de que empecemos; Carlos Arancibia, Oscar Martínez y yo intercalamos lectura y música, luego vino el infaltable y prudente rito etílico, para empezar con pie derecho la semana. Como casi todo lunes, ahí estaba Pedro Grossman y, entre chiste y copa, la amena conversa nos llevó a comentar el cuento de los plátanos, así acordamos trabajarlo para una posible puesta en escena o, al menos, una mejor lectura. El proyecto me entusiasmó sobremanera. De modo que un día de esos caí en casa de Pedro con el cuento bajo el brazo.
“No te apures, tomá tu tiempo; cuando una palabra sea muy larga, cortála en vez de mascullarla”, ahí está el ritmo del Pedrito, calmo, pausado, con esa forma tan particular de anular las horas, que pasan volando mientras trabajamos el texto, me refiero a la versión final del texto, la de ahora. Porque al principio el asunto fue menos fluido: yo escribo un cuento para librarme cuanto antes de su peso sobre mis espaldas, y esta vez Pedro incitaba a que me empape del personaje, le dé nombre, fisonomía, clase social… todo lo que pudiese contribuir a su profundidad.
Empezamos leyendo una y otra vez, identificamos imágenes generadoras, dividimos el relato en partes y tonalidades, y así me fui dando cuenta de las posibilidades del texto. Me costó, me costó llegar al nombre de Wilfredo Cusi, dibujarlo en tres dimensiones sin robarle la sombra ni quitarle los platanitos rancios. En una de esas me salí por la tangente, Grossman mantuvo la calma y con sumo respeto lanzó, junto a anteriores, nuevas provocaciones. Sus certeros golpes llegaban allí donde el relato no tenía con qué defenderse, entonces surgir con nuevos movimientos era menester, ¡acaso me iba a quedar quieto!
Así, movidos por la sensibilidad y el sentido común, llegamos a una entrada más clara y mejor cimentada, que redundó en sutiles cambios para el cuerpo del relato y ayudó a eliminar pequeños detalles y ciertas palabras que no sonaban bien en voz de Wilfredo Cusi. Pedro no escribió una sola palabra, provocó, incitó a encontrar esa incierta manera de demoler un edificio que también él ignoraba. Por supuesto, cada quien voltea la tortilla a su manera, sólo uno mismo sabe de qué está hecha su tortilla, así que uno mismo debe hallar la mejor manera de voltearla. En algún lado leí: nadie te puede enseñar a escribir, pero puedes aprehender. A frases como esa me recuerda el trabajo con Pedro.
La lectura de este último lunes en el Etno, con el texto ya concluido, salió genial. Hay un par de empalmes que debo mejorar, pero no más, el asunto está. “El lunes al leer ya lo he visto como personaje”, me comentó Pedro. Ahora viene la puesta en escena en la que también participaré, con los sentidos bien afinados y también dispuesto a atacar. Como se ve, hay cosas que han quedado para mi futuro trabajo con las letras, y en el camino habrá más. ¡Gracias Pedrito!


El taller de Pedro Grossman dirigido escritores en ciernes, aficionados y también ya afianzados en su oficio, tiene una parte dedicada a técnicas de lectura en público y otra de trabajo individual sobre los textos. Empieza ya nomás, la primera reunión es este sábado 27 de octubre a las cuatro de la tarde. Pueden llamarlo al 71272451 para informarse al respecto.

17.10.07

Lectura en Café Luna Llena

Amigos, mañana Jueves, como a las nueve de la noche, estaré leyendo en el café Luna Llena, en la avenida Ecuador, frente al espacio Simón I. Patiño, no me acuerdo el número. Últimamente se me ha dado por desenpolvar escritos depresivos, aquí les dejo uno, de todas formas prometo hacerlos reír un poco mañana en la noche.

Soledad del paisaje

Una soledad profusa ha poseído mi ser. Ha puesto su bandera de nada en mis tierras, y los invasores desconocidos van construyendo habitaciones de senil arquitectura, de ausencia tangible. Como si planearan quedarse cargan en las espaldas catres sin dueño, y pretenden expatriar las piedras en que viven mis muertos.
Estos extraños parecen amigos, seducen con sus formas y hacen reír, pero se disiparán en la oscuridad, cuando luego de hablarles desaparezca su sol falaz. Es la parca manejando mi paisaje, alimentando los pinos de sequedad, disecando las plantas para que parezcan hermosas, pero al tocarlas se resquebrajan sus flores volviendo al polvo. En lugar de aire se respira una densa enfermedad, pensar es un ejercicio improbable, dormir complicado, soñar imposible.
¿Dónde quedó mi país transparente de aire y agua? ¿Habrá sido cierto? O despertando me vengo a enterar, a enterrar en este vacuo mundo que se deshace entre mis manos. Que se deshace cuando el viento o yo intentamos acariciarlo en un atardecer de despedida, mal venido a un cielo sin estrellas.

4.10.07

A la Melancolía

La melancolía de tus ojos me puede consumir el domingo entero luego de habérmelos cruzado en una conversación cualquiera de sábado por la noche; así de hondos, así de vivos pueden quedarse para siempre en la melancolía infantil de mi universo, vieja melancolía de un solo verso, que me convierte en una lágrima poseída de todas tus penas, y me manda a discurrir por tu piel sin otro derecho que el de discurrir, ¿acaso puedo ser ahora algo más que una emoción sin rumbo libre?, ¿acaso quiero? Anoche soñé que volvía a fluir hasta desaparecer, pero desperté y mi cuerpo todavía estaba allí.

24.9.07

Peregrinas empresas

El mayor proyecto de Oblitas, siniestro personaje de la novela Felipe Delgado, de Jaime Saenz, es montar una fábrica de fuegos artificiales en el Altiplano. Me acordé de él a raíz de ciertos proyectos de vida que pocas veces se escuchan, pero que nacieron de gente muy cercana a mí.
Me voy a referir a este viejo contertulio bajo el nombre de Augusto. Augusto volvió un día de los Estados Unidos con título de economista bajo el brazo derecho; bajo el izquierdo traía la firme intención de empezar los cursos pre-facultativos de arquitectura en la UMSA, convencido de lograr la excelencia que le permitiese especializarse en el extranjero. ¿En qué se especializaría? Ni más ni menos que en diseño y construcción de estadios donde vayan a jugarse exclusivamente partidos de la Liga de Campeones. ¿Ningún partido de otra naturaleza?, le preguntamos a este fanático del balompié y se negó a responder. Para demostrar la seriedad de su empresa, recreó en homenaje ciertos ojitos “celestes como el Bolivar” uno de los estadios que ya contaban con estructura en su cabeza, lo recreo ensamblando viejas piezas de rasti que guardaba celosamente como recuerdo de su infancia. Lastimosamente, el homenaje futbolero no fue recibido de la mejor gana allá en Norteamérica. Dadas las circunstancias, los amigos de Augusto vimos por conveniente guardar un respetuoso silencio; lo único que esperamos, por el momento, es que apruebe los pre-facultativos de la UMSA.
Está el segundo confidente de raros planes, con cierta destreza para la conversación y un amor por las letras que dice cultivar escribiendo a diario. No es que le vaya de maravilla, pero tampoco le va mal con lo suyo. Ostenta un título de psicólogo y otro de especialista que exhibe en su consulta privada, y se ve que disfruta de la conversación terapéutica, sin embargo durante mucho tiempo, gracias a la magia de lo ilusorio, su imaginación tomó vuelo mediante las alas de una abeja. Así es, deseaba dedicarse a la apicultura sin saber siquiera que ese arte al que se sentía llamado, llevaba aquel nombre: apicultura. Todo nació en un viaje a los Yungas, donde las casualidades lo llevaron a compartir mesa con un ingeniero agrónomo especializado en abejas. Tal cátedra recibió nuestro amigo sobre las bondades de la miel y la jalea, sobre la cera y el tratamiento con picaduras, que volvió decidido a comprar un cajón de abejas domésticas para comenzar de una vez el millonario proyecto. Contaba el plan a propios y extraños con inusitado entusiasmo. Algunos allegados no censuraban la posibilidad de la empresa, que sí la idea suya de esperar echado en una hamaca que las abejas hiciesen lo suyo, mientras él elucubraba argumentos para historias que se dedicaría a escribir a tiempo completo. Las piadosas abejas llenarían su colmena de miel a la par que los bolsillos rotos del propietario. Estos animalillos de paso le darían la posibilidad de vivir en el campo, rodeado de todo tipo de árboles y plantas exóticas. No faltó el entrañable amigo aconsejando: “por qué no mejor vendes tu semen”, ni el entusiasta compañero que le regalara el libro “La vida de las abejas”, del célebre Mauricio Maeterlink, dedicándolo así: “con alta estima, para aquel que nada sabe de abejas”. Llegó el proyecto a oídos de un mecenas que, dispuesto a invertir, le pidió su teléfono y prometió llamarlo al día siguiente. Pero luego de compartir un par de cervezas con el visionario “señor de las abejas”, no volvió a dar señales de vida. Cosa rara, el entusiasta apicultor en potencia también fue olvidándose del proyecto, hace tiempo dejó de hacer el mínimo comentario al respecto. Quizá ahora sintoniza en asuntos más acordes a la velocidad del mundo, o tal vez ya cuenta con un par de colmenas, y aprende el arte de las abejas en silente vigilia. Al final de cuentas todo proyecto es realizable en esta vida, el poder de la voluntad es infinito, ¿o qué dicen?

11.9.07

Un gran paso bloguiviano

El anterior sábado, cuando un día después del día del blog comenzaba septiembre, se celebró en Santa Cruz el primer encuentro “bloguiviano”, bajo el lema: de lo virtual a lo real. Si bien la cantidad de asistentes no fue la esperada por Sebastián Molina y su equipo, la calidad de la reunión satisfizo las expectativas de los más de cien jóvenes que allí nos reunimos.
Lo más valioso que el encuentro bloguiviano nos deja es lo suficientemente simple como para mantenerse a través del tiempo: la relación entre los blogueros que se comentaban, tanto como la de aquellos que ni siquiera se habían leído de pasada, se ha establecido, cuando no se ha afianzado. Tal como demuestran los primeros posts y comentarios de después del encuentro, esto redundará en la espontánea recreación de una red nacional de blogueros leyendo, escuchando, compartiendo, viendo lo que el otro tiene para comunicar, a la vez que comunica. Y esto es precisamente lo que los blogueros tenemos en común: algo para decir a través de un medio alternativo. Somos jóvenes curiosos abriendo brecha en las posibilidades que las telecomunicaciones nos ofrecen.
Aún para gran parte de la porción mínima de bolivianos que tiene acceso a internet, el blog es algo desconocido en sus posibilidades o completamente ignorado. “¿Encuentro bloguero?, son macanas, estas yendo a repetir las farras que te mandas aquí con tus amigos blogueros, vas a gastar plata en el pasaje nomás, mejor andá para la feria”, así me respondió alguien cuando le dije el motivo de mi viaja a Santa Cruz. Un amigo bloguero, temiendo que se rieran en su cara, dijo a lo suyos que se estaba ausentando por motivos de trabajo. “Ja, ja, ja, sí, y yo voy a viajar a Paris, a un encuentro de Facebook”, me respondió otro amigo cuando le hable del encuentro. “Las cosas que te inventas para viajar”, retrucó mi madre al no saber de qué cuernos se trataba el asunto al que estaba yendo.
“Blogs: Democracia Radical” decían las postales del encuentro. Cualquiera puede abrirse un blog y los límites del blog dependen de los límites de la mente del autor. El espacio es basto: imágenes, videos, canciones. Alguien dijo muy acertadamente que los comentarios son la sangre del bloguero, y en los blogs comenta quien así lo desee, ampliando el espectro que ofrece my space por ejemplo, cuyo acceso está limitado a quienes tienen una cuenta en su servicio.
Los alcances son impensables para el propio autor, sorprendido leí la entrevista que BBC le hizo a uno de los pocos blogueros cubanos, mostrando Cuba desde la mirada de un transeúnte cualquiera. Alguien que testimoniaba desde Irak se hizo millonario con su bitácora, y es alarmante enterarse de que los soldados estadounidenses que padecen la guerra tienen prohibido por el estado abrirse un blog. Nuestro amigo Marco Montellano tuvo que dejar su trabajo como colaborador de un periódico porque cierta publicación de su blog había disgustado al prefecto de su ciudad.
Cuando Ronaldo Vaca-Pereira vino a tocar a La Paz, había entre el público gente que lo escuchó a través de su blog y ahora estaba ahí. Muchos aprendices de la palabra soltamos la mano escribiendo blogs, buscamos estilo propio y podemos recibir comentarios de aprobación o repudio casi al instante. Hallamos en este medio una nueva formación, o la posibilidad de lanzarnos paso a paso a la temida publicación en papel.
Nuestra sociedad conservadora ve, sin poder reaccionar, las porosidades de su muralla. El cause natural de la homosexualidad y bisexualidad filtra sus ácidas gotas en los lugares donde todavía no ha resquebrajado el muro. A través de su bitácora alguien abre la puerta del closet del que saldrá el rato menos pensado.
La multiplicidad de voces que se pueden amplificar a través del blog es incalculable, y a eso apuntan proyectos como Voces Bolivianas de Mario Durán, y la alfabetización tecnológica a cargo del CEPAD en Santa Cruz. Como dijo Mario, los bolivianos tenemos la posibilidad y el deber de demostrar que somos más que nuestros políticos, que los alteños no viven bajo el principio: bloqueo luego existo.
Ahora está la otra cara de la moneda, es muy fácil abrirse un blog, y el riesgo de la irresponsabilidad es inevitable. “Hay que ser responsables”, marcó en la mesa de periodismo Roberto Dotti, cuando Rodrigo Serrate dio a entender que en el ciberespacio de blog todo vale.
Estamos siendo parte de lo que Toffler vaticinó en su Tercera Ola, la cultura de masas da espacio a lo individual, con su particularidad. Todavía tenemos mucho de la era industrial, pero las posibilidades cibernéticas cada vez son mayores y van ganándole espacio a lo masivo. Los grandes templos se desgastan, las catedrales cada vez se parecen más a un museo que a un lugar de culto y, los blogueros, siendo cada cual un granito de arena, aportamos a ello.
En la página del encuentro hay más de cincuenta posts sobre el encuentro. El reto es fortalecer la red nacional que se ha creado con romántica esperanza en la bolivianidad a través de la bloguivianidad. La mayor conclusión del encuentro es que todos somos bolivianos más allá de las diferencias. ¿Qué es la bolivianidad? “Para los cambas autonomía, para los sucrenses capitalía plena y, para nosotros, los paceños, statu quo”, opina un amigo mío. Propongo una discusión abierta y honesta sobre estos temas que no se tocaron en la mesa de política del encuentro. El ciberespacio permite un debate de ciudadanos, que vaya más allá de los intereses de los políticos que están haciendo mierda nuestro país a nombre de la defensa de la bolivianidad.

9.9.07

Lectura en el Etnocafé

Ocurrente antes que rabioso, pero perro al fin, el Oscar Martínez estará leyendo sus cuentos este lunes 10 en el Etno, a eso de las 8:30 p.m; para que no se sienta como chapi kala, y luego ande diciendo por ahí que me he hecho el Oso, le voy a acompañar con algunas poesías y relatos. Esperamos su asistencia y concurso en este encuentro de animales.
Ahora les dejo con un poemita que espero leer sin prisa y con pausa, venciendo de la nerviosidad del momento.

El humo

El humo tiene un toque
entre blanco y azul.
Hace espirales
y a veces un trazo largo.

El humo se aleja
con sólo un respiro.
Puede ser las almas,
si quieres: fantasmas.

El humo indispone,
hipnotiza, asusta.

Algo se refleja,
algo se revela.
Algo se calla
cada vez que se habla.

Y quien fuera el humo:
elevándose como si nada,
como si nada
las cenizas le costaran.

6.9.07

Un sueño dentro de otro sueño,
y este sueño en el que escribo.
¿Cuándo despertaré a la verdad?

4.9.07

Del Encuentro Blogiviano.

L@s bloguer@s de Bolivia reunid@s en Santa Cruz nos declaramos BOLIVIAN@S por encima de cualquier otra etiqueta, comprometid@s con la PAZ y la FRATERNIDAD y determinad@s a hacer todo nuestro esfuerzo en pro de la ansiada CONCORDIA nacional."


Muchas cosas para decir. Primero ¡Gracias! De lo virtual a lo real el perro rabioso y yo, además de Ceci Sakura, fuimos a dar al hogar de la mismísima Capsula del Tiempo, donde, si bien todo pasa, todo también queda; a nosotros nos queda su cariño, hospitlidad y esa increible capacidad que Vania tiene de hacer mil cosas, y hacerlas bien.
La inolvidable y poderosa vos del Poeta Enmascarado, Marco Montellano. El chapaco es capaz de cantar cuatro horas sin repetir canción e interpreta las canciones de Sabina que uno menos esperaría, además de cuecas, morenadas nadas y estilos todos. Como bien dijo esta confraternización de bolivianos se sucede a diario, en muchos lugares, pero nosotros tenemos la posiblidad de difunfirla por el blog.
Sebas y equipo: gracias una vez más por propiciar esta reunión, las posbilidades del blog se han ampliado en mi cabeza y sigo rumiando la información.
El perro rabioso que temía un buen puñete de lo virtual a lo real, se llevó los aplausos y las risas de todos, yo aplaudo que en todas las veces que muerde no se olvida de firmar. Así vale la pena, pueees.
Bueno, hay más para decir, ¡que el entusiasmo continúe y crezca a través del blog!

27.8.07

El Patio Trasero

La anterior semana publiqué este artículo en El Semanal de mi amigo Quintacho, espero sus opiniones sobre el tema amigos bloggers.

Aprovechando el fin de semana largo que conmemoraba el aniversario de nuestro país, algunos amigos y yo decidimos salir de la ciudad a manera de regalar a nuestros pulmones con el aire puro de Coroico y a nuestros acelerados ánimos con cerveza helada, que tan bien cae en el calor de los Yungas.
Reservamos espacio en un alojamiento algo alejado del pueblo, pues en fechas como ésta Coroico se convierte en un hervidero, adquiriendo cierto matiz citadino, justamente lo que queríamos evitar. Las cosas salieron de maravilla: nos divertimos entre humedad y niebla como si fuese la última vez. La frenética seguidilla de canciones de buenos borrachos y las grandes reservas de agua de la vida permitieron que la euforia se trocase en sueño, el sueño en humor, y el humor en euforia otra vez; así el cuento hasta el inevitable rato de volver a la triste realidad del trabajo en la ciudad. Fue un viaje de aquellos, uno de los periodos más largos en que dejé de pensar en mañana y preocuparme por cualquiera de esa pavadas que solemos inventar para preocuparnos. De hecho pasó lo mismo con el resto, pues nadie se acordó de ir al pueblo a reservar pasajes con un día de anticipación.
Terminal de Coroico, lunes en la tarde, la gente bordea el pánico y está dispuesta a meter un codazo y hasta un puñete para colarse en la fila que no avanza, la incertidumbre es total, alguien dijo que “posiblemente” habiliten pasajes, pero nadie sabe si ese alguien era la boletera de la línea. Dicen que a veces hay espacio en los buses de los que llegan a Coroico en bicicleta, entonces hay que pararse en la salida del pueblo a ver si la suerte o la piedad de un chofer están de nuestro lado. Si hubiese una mujer en el grupo, sus habilidades pestañeando podrían servir, pero las chicas ya se fueron en la vagoneta del padre de una de ellas, que estaba en el pueblo. Somos cuatro tipos sudorosos y empolvados sin opción, hay que llegar a trabajar sí o sí al día siguiente. ¿Qué hacer? Subimos a la plaza a ver si hay algo, miramos a un lado y al otro, los carro particulares van rumbeando la ciudad, a ver si encontramos algún conocido entre ellos… nada… el tiempo pasa y la desesperación crece. “Voy a la terminal otra vez, si encuentro algo los llamo”, me separo de mis amigos sin mucha convicción.
Husmeo entre las boleterías y luego voy a los carriles donde estacionan los buses. ¡Ta ran!, una vagoneta de esas largas en las que caben cuatro personas cómodas; con esfuerzo, y doblándose en ocho, en la parte de atrás entrarían otras cuatro. Está el chofer acomodando su llanta de auxilio y, expectantes, dos turistas de esos que pasean por San Francisco y sus alrededores en La Paz como si estuviesen entrando al monte: con grandes mochilas, chanclas, sombrero y chompa de imitación de alpaca.
“Che hermano, ¿tienes espacio en la vagoneta?” “Contrato es, está lleno”. “¿Cuántos estás llevando” “Cuatro”. “Nosotros viajamos aquí atrás, no importa, te pagamos como pasajes de bus, somos cuatro también”. “No van a querer estos gringos”. “Yo les charlo hermano”. Hablo con los extranjeros y me proponen pagar menos de lo que habían acordado con el chofer en caso de que utilicemos la parte trasera de su vagoneta. El chofer se niega a la oferta en principio: “más pesado, se gasta más gasolina, no se corre bien”, “Si vamos nosotros vas a ganar más que con el contrato que habías hecho con ellos”, le ofrezco un poco más, él pide un poco más todavía y quedamos en un punto intermedio. Les digo a los gringos que el trato está cerrado, y el más viejo de ellos me dice que está apurado, que si van a venir otros vengan de una vez. “Están en camino, también estamos apurados, mañana trabajamos”, le respondo.
Dos de mis amigos trabajan en una importante consultora ejerciendo su profesión, al otro no le va mal, yo cuento con un trabajo estable; vivimos en barrios privilegiados de la ciudad… de ninguna manera me molesta viajar doblado en ocho, no, no, pero el dolor de cuello y espalda que duró tres días me invita a pensar un poco en lo siguiente.
Para cualquier ciudadano del primer mundo o del segundo, gane mucho o poco dinero, venir a pasear por Bolivia le sale regalado, es como irse a dar una vuelta por el patio trasero de la casa, claro, y nosotros terminamos en la parte trasera del auto del patio trasero del mundo. Pasear por Bolivia puede resultar pintoresco y divertido, sólo hace falta curiosidad. Si limpias pisos en Chicago tranquilamente te das unas vacaciones de lujo en Santa Cruz, y como eres rubio y alto es muy probable que alguna mujer bella o un hombre simpático caiga ante tus encantos. Es más, yo conozco a una muchacha que estudia en cierta prestigiosa universidad privada de La Paz cuya mayor aspiración es conocer a un europeo en un boliche, enamorar, casarse y salir del país. Esto es más que chiste u ocurrencia, es triste y grave. Ella lleva años en la faena, y empieza a desesperarse por la extraña sensación de que el culo se le chorrea y su tren se va. ¡Qué mentalidad como estrecha!, yo digo. Y pienso además que este caso es totalmente distinto al de los que realmente padecen las circunstancias de nuestro país, y desesperados deciden lanzarse a la posibilidad de una mejor vida fuera de nuestras fronteras. Eso de soñar una mejor vida afuera se ve a todo nivel y todos en algún momento lo hemos pensado, uno de cada dos bolivianos quiere irse, y eso nada tiene que ver con el amor que le tenemos a nuestra tierra, nuestra cultura, nuestra forma de vivir.
Fuerzas ajenas a la voluntad de los ciudadanos del mundo que somos hacen que la situación del extranjero en Bolivia sea la otra cara de la situación de un boliviano en el extranjero. Varias ideas se me quedan en el tintero respecto a este tema, y otras tantas por rumiar. A usted, amigo lector, ¿le parece injusto? ¿Qué podemos hacer al respecto?

16.8.07

De los trece

Imagino haberte amado sin la gravedad de los trece, esa gravedad sacada de los pelos, traída de no sé dónde, ese resabio de una estrella sin luz hace miles de años, esa ceniza capaz de contaminar mi corazón… debieras enterarte que la estrella enferma termino de morir y en este instante te estoy amando como si nada: como el sol reverbera en un acto de amor al agua, como la música del campo recreándose sola, como el indómito espíritu que nos habita; por este instante, amándote más allá del pasado y el futuro, soy de una vez artista.

13.8.07

Cicatriz: un libro de cuentos de Eduardo Alvarez Sanchez

Dos reseñas de dos cuentos cotidianos

Gabriel Pantoja G.
El pájaro errante

Al autor lo conocí un lunes a las ocho de la noche, en un boliche, cuando los vasos están limpios y el vino no escasea. Me compartió sus inquietudes literarias. Hablamos un poco de poesía, de escrituras alternas, y fue esa imprudencia mía preguntarle si había publicado algo reciente. Para mi sorpresa, sacó un libro como se saca un pañuelo del bolsillo. Me lo dedicó esa vez; ahora creo que lo pensaría dos veces, pues, cometió una imprudencia. Al finalizar la noche le prometí reseñarlo, o algo parecido. Han pasado varias semanas y esto ya se convertía en una mentira más.

Cicatriz
Desde la dedicatoria puedo colegir el rasgo de la profesión del autor: “A mi padre por enseñarme a jugar”. El juego, como quien diría, es una función elemental de la vida humana, sin él, prácticamente, no existiría cultura. Lo lúdico está presente en nuestro destino humano, y generosamente para el artista. Esta introducción es la primera pauta de lo que serán en posteridad los cuentos del autor. Hojeando el libro más allá y después de esta dedicatoria me encuentro con la primera cicatriz-estimo-, el prólogo. Sobre el prologuista debo decir ciertas cosas, su fidelidad con el autor, su falta de sinceridad, si no, su escaso conocimiento del género. Recuerdo aquel prólogo de Manfredo Kempff S. que hizo a Esa distancia particular, libro de poemas de Mauro Bertero, que empieza diciendo: “Nunca he sido conocedor de la poesía, ni me he preciado de haber sido, tampoco, un gran lector…”¡Modestia aparte! ¡Excusa por demás! El prólogo cuando no es bueno es impertinente y por tanto innecesario. A este libro no le falta un prólogo de esta magnitud.

“Cicatriz”

Un momento en la vida de un talentoso peluquero es sin duda el cuento “Cicatriz”, el primero de este libro, de Eduardo Alvarez. Encontramos en este cuento un bello reflejo de la posibilidad del hombre frente a su entorno. El personaje nacido de la clase media pobre se enfrenta con cierta capacidad a la realidad cotidiana.

La cotidianidad es un espectáculo que hay que recrearlo con mano hábil. Hay una lucha patética y trágica en ella. El autor comprende esta posibilidad y se entrega no a la piadosa contemplación sino a la acción ritual de la realidad en el corte de pelo. Hay un acto romántico en esta vinculación peluquero y cliente, una ceremonia cotidiana. Así lo pensé mientras leía este cuento.

Romper la apatía del lector quien se aferra a su realidad es difícil. Por eso creo que las historias que se relacionan con su cotidianidad recrean su vida; se ven identificados con la reflexión de su rutina. “Cicatriz” es algo así. Una hermana solterona y una madre divorciada y el padre enfermo es la imagen del hogar que queda. Al hijo rebelde-alejado de la casa paterna-sólo le queda la posibilidad de la sobrevivencia, aunque, no patética, pues, éste, le saca partido a la adversidad con humor.

Aunque subyacente pero procaz la narración nos envuelve en esa cara de la vida, el juego. Si hay un límite a este desenfreno es la imagen del padre enfermo, que al final muere. Hay frivolidad, sí, en alguno de sus actos del personaje, como el de cortar la oreja a un cliente y estar tan tranquilo al respecto, o gritarle al chofer de un micro. Si de símbolos hablamos en la cabeza del personaje hay una cicatriz. Esta cicatriz, causa o no de su irreverencia, permite que cada escena sea un acto lúdico. El narrador es irónico, hilarante y desenvuelto con esta imagen.

“La verruga y el infierno”

“La verruga y el infierno” es otro de los cuentos de este mi amigo escritor. El argumento es sencillo, hay una deudora llamada Gabriela y como acreedores una familia, entre los cuales hay una Gabriela, la narradora. Se produce al final un crimen. La excusa para este crimen-si es que hay una excusa para el crimen-, la verruga en el rostro de la abuela. El primer párrafo de este cuento y el último son perfectas maquinarias narrativas: principio y culminación. Perfectas digo porque hay una construcción anticipada de los hechos y un juego de sentidos. Nadie se daría cuenta que el cuento acabaría con una muerte, injustificada viendo las circunstancias que lo condujeron. Gabriela es una niña con rasgos dulces e inocentes, nadie sospecha que tiene una intensión para con su abuela. Críticos podrían argüir la culpa a las películas que vio, pero yo podría decir, el culpable es la imaginación desbordante de infancia. Ella nos entretiene a nosotros incautos lectores, y hasta aburre con la historia de los problemas financieros de su familia, pero de forma insospechada está abriendo el camino para su acto final.

Si en una palabra definiría Cicatriz es COTIDIANIDAD. Si algo le criticaría a su autor es su libertad de estilo temprano, su sinceridad en algunas entradas. Estas posibilidades expresivas en mano de un escritor joven son meros experimentos, como es el caso de “Correspondencia extraviada”. Como el titulo lo señala son correspondencias, pero el caso está en que, un cuento en esta magnitud no sobresale. La correspondencia se limita, en todo caso, a la comunicación a secas y no así al hecho narrativo-ficcional. La utilización de la primera persona (recurso autobiográfico), en este caso no constituye para el argumento íntegro y nos señala historias fragmentadas o varias voces, entre el remitente y el destinatario. Hay una propuesta al respecto interesante de Silvina Ocampo de un cuento en correspondencia titulada “La casa de los relojes”, en el libro de cuentos La furia. En este cuento la historia se desenvuelve según el argumento autobiográfico del que remite; en esta comunicación, no participa el destinatario que en todo caso, debería ser de forma implícita el mismo lector. Correspondencia aparte y cuento será mejor en Cicatriz.